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¡Por fin día de la graduación!
Entre aplausos de papas orgullosos, alumnos pequeños que observan su propio futuro desenvolverse y graduados que no dejan de sonreír por su nostalgia que intenta no romperse en lágrimas. Es así como la generación 2005-2008 se despidió finalmente de su escuela, que para muchos fungió como un refugió seguro del mundo adulto. Durante la ceremonia se pudieron escuchar la voz de aquella directiva que despedía a Upper 6 con el consejo general de no perder el amor por el conocimiento y la emoción de lo desconocido. Mas tarde, al sonar de una orquesta bien conocida para los graduados, pasaron uno a uno a recoger sus Diplomas que resultan infalibles pruebas de lo que para algunos fue un infierno y para otros la mejor experiencia de su juventud. Sin embargo, para aquellos que sufrieron, a la hora en que tendieron sus manos para recibir su Diploma, no hubo ninguno que dejase de expresar su felicidad y gratitud. La ceremonia de graduación fue un evento lleno de risas e inhibición, ya que como bien mencionaron los alumnos graduados en sus últimas palabras ante la escuela, el recuerdo y los pensamientos que surjan de ellos deben transmitir humor y risas, en lugar de una tristeza o pesada seriedad. Es así como se expreso Upper 6, con el corazón alegre y emotivo. Pero, a pesar de las risas, no todo pudo ser felicidad, ya que (aunque se trato de hacer lo más divertido posible) siempre se tiene que decir adiós: esta vez despidiendo a maestros y personalidades que han marcado su lugar en nuestra escuela y en la vida de muchos. ¿Cómo podremos olvidar maestros como Frank o mujeres tan honestas y de buen corazón como Catalina López? Son sin duda ya una parte cotidiana de la escuela que será difícil de volver a recuperar. Finalmente al clásico sonar de "las golondrinas", todos los graduados se despidieron de su escuela.
Y, como todo lo que empieza debe terminar, también este año termina y con el se lleva recuerdos inolvidables, mezclados con la esperanza de escuchar lo mejor de todos los graduados en sus vidas adultas. Felicidades y mucha suerte.
Por Sebastián Vadillo Gonzalez
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